El proceso de transición de una sociedad cerrada a una sociedad abierta que inició nuestro país en el principio del siglo XXI, se ha visto truncado debido a las asimetrías culturales, económicas y políticas que prevalecen en nuestro país. Actualmente, nuestra transición también se ha visto socavada por la irrupción de la violencia que aparece como una nueva expresión de poder fáctico que controla y destruye las aspiraciones sociales por alcanzar una democracia caracterizada por la convivencia enriquecedora de la diversidad cultural de México.

En dicho contexto, la interculturalidad y los medios de comunicación constituyen dos de los principales instrumentos con los que cuenta México para construir las condiciones culturales necesarias que nos permitirán continuar la transición hacia una democracia plena.

La interculturalidad es el componente enriquecedor de la vida social que, a partir del conocimiento, reconocimiento y valoración de la diversidad cultural, genera las condiciones para el desarrollo nacional con identidad. Sustentada en el diálogo de las culturas, la interculturalidad ayuda a abatir las expresiones de asimetría y atraso que detienen y socavan a nuestro país y en particular a los pueblos originarios y a las comunidades indígenas.

En dicho proceso, la interculturalidad representa la certeza sobre la viabilidad del proyecto democrático de país que aspiramos construir, alejado de cualquier forma de tutelaje, de cualquier expresión de dominación, así como también de cualquier forma de discriminación que coloque a cualquier grupo social por encima de otro.

En el contexto mexicano, la interculturalidad enfocada hacia la compleja esfera mediática y en particular hacia los medios de comunicación, representa una propuesta asertiva relativamente nueva que favorece la tarea de abatir, con sinergias originadas en la comunicación intercultural, las asimetrías que aún laceran a nuestro país, valorando la riqueza de las aportaciones de la diversidad cultural, tanto en sus expresiones tangibles como intangibles.

En este proceso de desarrollo con identidad, originado desde la comunicación intercultural, la esfera mediática, la comunicación masiva y particularmente la televisión comercial, ésta última desde el ejercicio ético de su responsabilidad social, adquieren un papel esencial en la construcción de los nuevos imaginarios, así como también en la construcción de las nuevas relaciones sociales que habrán de desenvolverse en los escenarios del nuevo milenio, tareas en las que contribuirán sus sinergias, favoreciendo especialmente la difusión de los saberes y los valores de los pueblos originarios, síntesis viva de la memoria ancestral de la humanidad.

La contribución de la esfera mediática a la visibilización, así como al conocimiento, reconocimiento y valoración de la diversidad cultural, beneficiará la convivencia pacífica y el desarrollo social con identidad. En esa búsqueda, sin duda, la comunicación, entendida como proceso de construcción de la nueva sociedad, y  sus instrumentos, los medios de comunicación, constituye un ámbito en el que el conjunto social deberá aportar sus mejores propósitos, ejercer sus mejores prácticas y empeñar sus mayores esfuerzos para impulsar la construcción  de la sociedad abierta al diálogo de las culturas y al encuentro de las civilizaciones.

Esa importancia insoslayable de la esfera comunicacional, al mismo tiempo representa la alta responsabilidad que poseen los medios de comunicación en el conocimiento, reconocimiento y valoración de la diversidad cultural de México y del mundo; así como también en la disminución de las asimetrías estructurales, desde las más evidentes hasta las más sutiles, que nos ayudará a arribar en condiciones de equidad a la Sociedad de la Información y el Conocimiento.