Diversidad Cultural, Número 19

Editorial
La diversidad es una característica inherente al nuevo milenio, y si bien la intolerancia y la discriminación han persistido a lo largo de los siglos y se hacen presentes con brotes y movimientos periódicos a cuan más peligrosos y sangrientos, predominan la mente abierta, la inclusión y la tolerancia entre buena parte de la Humanidad.
Así, las distintas facetas de la orientación sexual son cada día más aceptadas como una elección personal de vida y la composición diversa de las familias —más allá de las tradicionales, compuestas por padre, madre e hijos— es ampliamente aceptada.
Nuestra época también se caracteriza por la creciente participación de las mujeres en todos los campos de la vida y por la lucha que llevan a cabo cotidianamente porque se respeten sus derechos a percibir trato igual y salarios iguales; a recibir las mismas oportunidades; a no ser vistas como objeto y, menos aún, víctimas de abusos u hostigamiento por parte de los hombres.
Y si bien los racistas o supremacistas en general se mantienen al margen —si ningún gobernante o líder local les da espacio para manifestarse—, están siempre dispuestos a hacerse notar y, peor aún, a violentar a quienes les parecen distintos —e inferiores— a la menor provocación.
El proceso para llegar a este entorno de relativa tolerancia hacia lo diverso ha tomado siglos. Así, por ejemplo, los descendientes de esclavos africanos que llegaron al Nuevo Mundo durante la Colonia, fueron discriminados a tal punto que se los hizo desaparecer no sólo de las noticias, crónicas y estadísticas, sino de la vista de las “buenas conciencias”, al alejarlos de las principales ciudades y obligarlos a concentrarse principalmente en algunas zonas de las costas.
En este número, el investigador Antonio E. Zarur Osorio nos ofrece un panorama histórico de cómo ha sido percibida la orientación homosexual a lo largo de la historia, desde las épocas en que a esta orientación se la llamaba el “pecado nefando” o sodomía (en clara alusión a Sodoma [y Gomorra]) hasta nuestros días, en que la homosexualidad y otras orientaciones se engloban dentro de una visión empresarial y de mercado, en un entorno en que, sin embargo, persiste la homofobia soterrada.
Publicamos también un texto de Fernando I. Salmerón, en el que el autor analiza la realidad ética y el auto reconocimiento de los afrodescendientes. Llama la atención que apenas en el Censo de 2010 se incluyeron en el levantamiento de información poblacional datos específicos sobre la población indígena, y sólo hasta el conteo de 2015, la referida al auto reconocimiento de la población afrodescendiente. El artículo ofrece información por demás interesante sobre el porcentaje de población de origen africano y su distribución por estado, entre otros datos.
Como decíamos al principio, la apertura hacia lo diverso también se inscribe en la globalidad. Un botón de muestra es la reciente boda del príncipe británico Harry con la actriz estadounidense Meghan Markle, orgullosa de su ascendencia africana, en una ceremonia oficiada por un obispo afroamericano y en la que alternaron miembros de la realeza con invitados afroamericanos. Algo impensable hace unos cuantos años.

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