Finalmente el 1 de julio se disiparon los temores de muchos y se alzó con la victoria el candidato más popular entre los electores; quien punteó durante todo el proceso, fue reconocido como ganador por sus adversarios —que si bien tenían poco que alegar dada la diferencia abismal en la votación, hicieron historia al reconocer la derrota poco después del cierre de las casillas—, por las autoridades electorales, por los dirigentes empresariales con los que intercambió críticas, los expresidentes Salinas, Fox y Calderón, el director de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el mismísimo Donald Trump.
El proceso y sus participantes fueron una muestra de la diversidad que existe en el país, tanto en lo que respecta al espectro político, como a las características personales de cada uno (un sureño, dos del centro y un norteño), quienes intentaron durante sus campañas convencer a los ciudadanos con propuestas, descalificaciones hacia los rivales e incluso ocurrencias.
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Habrá que permanecer atentos para ver que el magnífico impulso que significó la concreción del cambio de régimen cristalice en una transformación trascendente de la realidad social y en un México más justo para todos. Nos corresponde la responsabilidad de verificar que así sea.

Diversidad Cultural Número 20

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