La discriminación es algo que debemos enfrentar
desde que abrimos los ojos

La discriminación es algo que debemos enfrentar desde que abrimos los ojos.  Seguramente ello ocurre en prácticamente cualquier rincón del mundo “civilizado” y dentro de casi todas las familias de nuestro país, en las que coexisten padres y hermanos con distintos tonos de piel.
Pero no sólo el tono de piel es motivo para despreciar al otro. También lo son la estatura, la complexión, la belleza (de acuerdo con el patrón impuesto), las creencias, el género y las preferencias sexuales, la educación escolarizada que cada quien recibe, la clase social a la que se pertenece, el lugar de origen, la lengua materna (especialmente si ésta es una lengua mexicana distinta del español), las tradiciones culturales y hasta la falta de habilidad para los deportes y otras actividades lúdicas
Por supuesto, existen grados de discriminación. Los peores son aquellos en los que una persona reúne dos o más condiciones de las enumeradas (moreno, chaparro, pobre). En cambio, quienes son bien parecidos, ricos o tienen un notable expediente académico atenúan su vulnerabilidad e incluso, pese a ser morenos, pueden pasar por blancos.
Sin embargo, las formas más extremas de rechazo, marcan para siempre o afectan gravemente la vida de millones de personas. Por ello, deben combatirse desde los primeros años de vida, y la mejor forma de hacerlo es promover una cultura de inclusión y tolerancia tanto en la escuela como en otros ámbitos de la visa social.
En este número, publicamos un artículo de Rodolfo Martínez en el que expone cómo ha sido discriminado lo mismo por su fe religiosa que por su extracción socioeconómica y su color de piel.
En contraste, este mismo autor nos ofrece un festivo artículo en el que reflexiona sobre el valor de la diversidad y las aportaciones de los migrantes a la cultura de los países que los acogen.
Por ello, es fundamental que quienes conocemos este problema denunciemos los actos discriminatorios de los que tengamos noticia y que luchemos, desde el ámbito de nuestras posibilidades y capacidad de influencia, para desterrar este cáncer social que, sin duda, puede resultar mucho más nocivo que muchas enfermedades físicas. Sólo así podremos avanzar hacia la armonía en la diversidad.

 

Share This